Alguna vez te has encontrado con esta situación en la autopista: el sistema de navegación indica una velocidad actual de 80 km/h, pero el velocímetro marca 90 km/h; o mantienes constantemente los 90 km/h, sólo para encontrarte con que otros coches te adelantan fácilmente.
¿Tu coche está siendo demasiado «modesto», o el velocímetro te está «engañando amablemente»? No subestimes esta diferencia aparentemente insignificante. Comprender la distinción entre «velocidad indicada» y «velocidad real» no sólo puede ayudarte a evitar multas por exceso de velocidad, sino también a mejorar tu seguridad al volante.
¿Por qué el velocímetro muestra una velocidad más alta?
No se trata de un error de fabricación, sino que se deriva de normas nacionales obligatorias. Las normas estipulan claramente que la indicación del velocímetro debe ser mayor o igual que la velocidad real, y no se permite en absoluto que sea inferior al valor verdadero. Por ejemplo, cuando la velocidad real del vehículo es de 90 km/h, el velocímetro puede mostrar entre 90 y 100 km/h, pero nunca debe ser inferior a 90 km/h.
En otras palabras, hacer que el velocímetro «vaya más deprisa» nos ayuda a controlar nuestra velocidad de forma más fiable, evitando sobrepasar sin saberlo el límite de velocidad debido a una subestimación, reduciendo así los riesgos para la seguridad.
¿Cómo estimar la velocidad real?
Normalmente, la lectura del velocímetro será unos 5-10 kilómetros por hora superior a la velocidad real. Es decir, cuando el velocímetro marca 90 km/h, la velocidad real es de aproximadamente 80-85 km/h. Por lo tanto, cuando controlas la velocidad a unos 85 km/h en el velocímetro, la velocidad real puede ser sólo de unos 90 km/h.
¿Qué otros factores influyen?
Además de las normas de diseño, los siguientes factores también pueden aumentar el error de lectura del velocímetro:
En primer lugar, el estado de los neumáticos: Sustituir los neumáticos por otros de menor tamaño o con un inflado crónicamente insuficiente hará que disminuya el diámetro del neumático y aumente el número de rotaciones, lo que dará lugar a una lectura de velocidad más alta en el velocímetro.
En segundo lugar, la carga del vehículo: Cuando están totalmente cargados con pasajeros o carga, los neumáticos se deforman bajo presión, reduciendo el radio de contacto con el suelo, lo que también puede hacer que la velocidad mostrada parezca «inflada» más de lo normal.
Por último, las condiciones de la carretera también influyen: Cuando vas cuesta arriba, la carga del motor aumenta, y la velocidad mostrada puede ser superior a la real; cuando vas cuesta abajo, debido a la inercia, la velocidad real se acercará más a la lectura del velocímetro.
¿De qué sirve comprender esta diferencia de velocidad?
Entender esta diferencia nos ayuda, en primer lugar, a controlar nuestra velocidad con mayor precisión. Por ejemplo, en una carretera con un límite de velocidad de 90 km/h, si el velocímetro marca 90 km/h, la velocidad real puede ser sólo de 85 km/h, perfectamente dentro del margen legal.
En segundo lugar, ayuda a detectar a tiempo posibles problemas del vehículo: Si un día observas una diferencia significativa entre la lectura del velocímetro y la velocidad del navegador, por ejemplo, el velocímetro indica 120 km/h pero el navegador informa de 105 km/h, estate alerta por si hay posibles fugas en los neumáticos, desgaste grave o mal funcionamiento del sistema de transmisión, y haz que lo revisen lo antes posible.
Por último, también es importante comprender la lógica de la medición de la velocidad: los departamentos de gestión del tráfico utilizan equipos de medición de la velocidad (incluida la medición de la velocidad por tramos) basados en la velocidad real del vehículo, no en la lectura del velocímetro. Entender esto te ayuda a conducir con más confianza, sin dejar de cumplir la normativa.
La velocidad ligeramente superior a la real en el velocímetro es en realidad un «amortiguador de seguridad» proporcionado por los ingenieros.
Comprender los principios y la lógica subyacentes nos permite conducir con mayor confianza y precisión.
La próxima vez que conduzcas por la autopista, presta atención a las diferencias entre las indicaciones del navegador y la pantalla del panel de instrumentos. Puede que llegues a comprender mejor la «personalidad» de tu coche: la seguridad siempre se esconde en los detalles.
